Longina, nacida el 15 de marzo de 1888, descubrió que una mujer puede alcanzar vida eterna aún antes de haber muerto cuando el compositor cubano Manuel Corona la eligió su musa y le compuso una canción que habría de inmortalizarla y convertirla en el objeto de ensoñación de los hombres dentro y fuera de la isla de Cuba.
La inigualable belleza femenina de la joven, de quien dijese Corona que tenía ojos soñadores, mirada angelical, boca de concha nacarada llevó al músico a compararla con una santa diosa, cual flor primaveral.
Inspirado mayormente en mujeres que conmovían su espíritu artístico, Manuel terminó por consagrarse como uno de los grandes de la Trova Tradicional Cubana. Su nombre, junto al de Pepe Sánchez, Sindo Garay, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz, marcaría el tempo y preferencia de la música de su tiempo.
En los primeras dos décadas del siglo veinte vieron la luz sus mejores canciones: Mercedes, Aurora, Animada, Contrapunto, Mi pecho y mi alma, Longina y Santa Cecilia.
Pobre y bohemio, Manuel Corona murió el 9 de enero de 1950 en la trastienda del bar Jaruquito, en Marianao. Los conductores de la habanera ruta 32 hicieron una colecta para velar sus restos en la funeraria San José porque el estado económico del trovador había sido precario hasta su muerte. Una riqueza mayor -la de vivir en la memoria cultural de la nación- habría de premiar su genio, y la Longina que creara en sus años de mayor ventura es hoy tan inmortal como el nombre de su autor.
Fuente: Radio26
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