Germán Puig se resiste a ser fotografiado, se confiesa enemigo del protagonismo. Fundador en 1947 -junto a Ricardo Vigón- del Cine-Club de La Habana, transformado luego en Cinemateca de Cuba, ha vivido como nadie el arrebato del séptimo arte con que contagió a sus amigos, devenidos cineastas o escritores de renombre. Aunque vital para entender el mundo cinematográfico pre-revolucionario, ese legado suyo ha permanecido en una sombra pertinaz.
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