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El cantante puertorriqueño Wilkins y el tresero cubano Pancho Amat protagonizaron un concertazo en el teatro América, en la capital cubana, en el que el artista junto a canciones tradicionales de su país y de su propia autoría como Sopa de Caracol y Margarita, interpretó obras de Benny Moré, Polo Montañez y Pablo Milanés.
El concierto, cerró una gira nacional del destacado intérprete que comenzó en el teatro Martí, de Santiago de Cuba, el día 19 de febrero y continuó en el Salón Benny Moré, de Holguín, el 21 y el Cine-teatro Camilo Cienfuegos, de Santa Clara, el 23. En La Habana, además de Pancho Amat, se presentó el coro nacional infantil que dirige la maestra Digna Guerra.
Acompañaron a Wilkins en toda la gira la agrupación cubana Canela y el guitarrista El Chino Verdecia. Los arreglos estuvieron a cargo de Jesús Fuentes, músico de Canela, que supo aprovechar toda la energía explosiva del puertorriqueño y la integró a las talentosas ejecuciones de cada uno de los músicos que se presentaron en el escenario del teatro América.
La plena El taller de Mamerí, las baladas Tratándose de ti, Que me pasa contigo, la ya citada Margarita, junto a canciones como Bombón Asesino, más subida de movimiento, trajeron la imagen siempre bienvenida del artista que hace ya tiempo acuñó en su país el término "rock-mántico" del que se considera deudor y fiel defensor.
Pero el clímax llegó cuando con el acompañamiento del tres de Pancho Amat y los niños del coro nacional, Wilkins rindió homenaje al Benny con Se te cayó el tabaco; a Polo Montañez con Guajiro Natural, a la música tradicional cubana con Son de la loma, de Miguel Matamoros y terminar con Para vivir, de Pablo Milanés, la cual incorporó a su repertorio en 1981.
En Para vivir Wilkins lo dio todo. Puso su corazón en potencia; para él es esta la canción más bella del trovador a quien quisiera un día conocer y poder estrechar su mano.
En todas las canciones se arrancó el alma y la entregó libre al público al que le regaló felicidad. Al hacer la música cubana el artista se fue a nuestras raíces, las que ya conocía desde pequeño pero que nunca había constatado personalmente en suelo cubano.
El público fue el más sorprendido con esta actuación del artista, que vino y bailó con éxito en casa del trompo. Acostumbrados a verlo más en sus facetas de baladista o roquero y desde hace un tiempo, de rock-mántico, Wilkins hizo suya con maestría la música de sus ídolos a los que rindió homenaje.
Por primera vez en su vida fumó un tabaco- confesó al bajar del escenario- pero lo hizo porque el Benny se lo pidió así como la fuerza de la música cubana de la cual se siente un gran admirador.
Con el dominio escénico de los grandes artistas, dueño del concierto y del público, con muchos deseos de cantar y demostrar que tras 42 años de vida artística todavía conquista corazones y hace levantar al público de sus asientos, Wilkins , junto con la vibra del tres de Pancho Amat y su virtuosismo, le dio a Cuba cuatro grandes conciertos en los que recorrió sus años de actuaciones. Conciertos que –afirmó- estaría dispuesto a presentar no solo en su país sino en todo el mundo.
Invitado por el Instituto Cubano de la Música, en esta su segunda visita a la Isla- la primera fue el año pasado en la XIII edición del Cubadisco- Wilkins volvió a agradecer al pueblo cubano sus simpatías por él y su música. Prometió que volvería cada vez que Cuba lo reclame y pidió amor para los cubanos y los puertorriqueños.
Fuente: El Habanero
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